
El cuerpo tiene plazo, fijado en días, noches y años. Es combustible. El frío y el calor excesivo lo dañan. Es la última soledad o el lugar donde se da la sensualidad, el deseo, lo erótico. El pensamiento cristiano, al darle hegemonía al espíritu, separó lo sensual y lo intentó excluir; consiguió así, muy a su pesar, otorgarle autonomía y lo potenció. El cuerpo vive en un eterno presente. Sólo de ese modo logra mantener lejos a la muerte. Vida y cuerpo son conceptos inseparables: un cuerpo sólo es cuerpo cuando está vivo; un cuerpo muerto deja de ser cuerpo para convertirse en despojo, en sombra. Ya me lo pregunté otras veces antes: ¿por qué fijar la imagen de un cuerpo, propio o ajeno, por qué pintar o fotografiar un cuerpo desnudo? ¿Fijarlo en un instante preciso, salvarlo de la enfermedad y la muerte? ¿Celebración de la vida de ese cuerpo, deleite ante su desnudez? Hay tantos desnudos como pintores y fotógrafos. No hay una mirada igual a otra y las imágenes van desde la inocencia del paraíso bíblico hasta sutiles o rudas perversiones.
Párrafo que refleja nuestra fragilidad de ser humanos, que señala lo inevitable e inexorable del tiempo, como es decir "el cuerpo tiene plazo", que describe lo que no todos estamos dispuestos a sobrellevar, como son los años, las arrugas, el desgaste.
Es verdad, nuestro cuerpo tiene plazo...pero nuestra alma no, nuestro fuego interno no se extingue porque deje de palpitar nuestro corazón...nuestra pasión no se acaba porque tengamos un año más en esta vida, en realidad, creo que con los años, mis deseos no se han extinguido, ni mis anhelos han desaparecido...es más intenso el sentimiento a medida que pasan los años...es más apreciable el instante mágico.
Es cierto, asusta sentir que se va un día más de tu vida, y que de apoco te acercas más a tu final, pero no le temo al envejecer, no le temo a ese cansancio de haber vivido tanto...no temo que mi piel demuestre cuantos siglos han pasado, más le temo ha pasar inadvertida en este mundo, y no dejar una huella, un milagro de mi dicha...un poco de mi sonrisa...
Mi cuerpo es mi lugar de origen, mi instancia de dolor, mi sensación de soledad...mi estado de frío o calor...donde yacen mis sabores, donde se ocultan mis temores...mi sensualidad, sexualidad y demás...en donde encuentro sentido al motivo de sentir.
Gracias a Dios - Maná
gracias a Dios que me dió mis ojos
que me dió mi boca que me dió toda mi piel
tengo dos piernas para recorrer el mundo
por los mares más profundos
para llegar hasta ti
gracias al cielo no olvido ponerme nada
tengo pies, tengo mi espalda y también mi corazón
tengo dos manos para recorrer tus muslos
tus colinas, tu cintura para tocarte la piel
soledad me estas matando
me duele la piel por no tocarte
regresa que me estoy muriendo
de que me sirven mis ojos
si no te pueden ver no te pueden ver no te pueden ver,
mis ojos no te pueden ver no te pueden ver no te pueden ver,
mis ojos no te pueden ver ay mis ojos, mis ojos no te pueden ver,
no no no no no no
no te pueden ver
tengo dos ojos los que ven el universo
los que lloran por tu ausencia y te buscan sin parar
soledad me estas matando
me duele la piel por no tocarte
regresa que me estoy muriendo
de que me sirven mis ojos
si no te pueden ver no te pueden ver no te pueden ver,
mis ojos no te pueden ver no te pueden ver no te pueden ver,
mis ojos no te pueden ver no te pueden ver no te pueden ver,
mis ojos no te pueden ver
no no no no no
no te pueden ver no te pueden ver,
mis ojos no te pueden ver
ah oh ah oh
2 comentarios:
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña en este
mundo de duelo y aflicción.
Miraba como el alba pura,
sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura,
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño;
ella, naturalmente, fue
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salome...
¡Juventud, divino tesoro
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer,
La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
¡Juventud divino tesoro,
te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón,
poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretextos de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas, a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
que claro lo que dices, el cuerpo tiene plazo y la verdad es que es un regalo, transparente regalo que hay que cuidar para que se reflejo de lo que hay dentro.Un abrazo.Ari
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